Un objetivo firme

Por Charles Stanley
“Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida” (2 Ti 2.4). La palabra griega traducida como “enredarse”, únicamente se utiliza aquí y en 2 Pedro 2.20. La cual significa estar tan envuelto en algo, que se hace difícil moverse.
Pedro exhortó a los creyentes a no volver a sus antiguos pecados, pero Pablo tenía una enseñanza diferente en mente. Previno a Timoteo en cuanto a dejar que otras cosas importantes de la vida diaria tomaran el lugar de su consagración a Cristo. Por ejemplo, ocuparse del trabajo es una tarea necesaria. Hasta Pablo tuvo que trabajar como fabricante de carpas, lo que le permitía atender los gastos de su ministerio. Pero un trabajo y el dinero producto de trabajar pueden ser devastadores para la vida espiritual de una persona.
Ganar y hacer planes con dinero, proveer para las necesidades de la familia y disfrutar de esparcimiento son actividades importantes. De hecho, el Señor las estimula. Sin embargo, estas bendiciones no deben alejar a los creyentes de la iglesia, la oración, o el estudio regular de la Biblia. Tampoco debemos segmentar nuestra vida en “servicio ministerial” y “trabajo/esparcimiento” diario. Somos soldados de Cristo, no importa lo que seamos ni lo que estemos haciendo. ¡Eso de ser un soldado a tiempo parcial no es verdad!
Es importante que los creyentes no tracemos límites artificiales entre lo “secular” y lo “sagrado”. Todo lo que Dios da —profesión, dinero, tiempo de esparcimiento— debe ser utilizado para su gloria. Al mantener las prioridades correctas y las actividades balanceadas, podremos impedir que los pasatiempos e intereses se conviertan en una trampa.
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¿QUE ES EL DON ESPIRITUAL DE LA MISERICORDIA?


Pregunta: "¿Qué es el don Espiritual de la Misericordia?"

Respuesta: En la enseñanza de Jesús del Sermón del Monte, una de las bienaventuranzas es "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia" (Mateo 5:7). La misericordia es lo que expresamos cuando somos dirigidos por Dios para ser compasivos en nuestras actitudes, palabras y acciones. Es más que sentir compasión hacia alguien; es el amor reflejado. La misericordia desea responder a las necesidades inmediatas de los demás y aliviar el sufrimiento, la soledad y la tristeza. La misericordia trata crisis físicas, emocionales, financieras o espirituales, por medio de un servicio generoso y abnegado. La misericordia es la defensora de los humildes, pobres, explotados y olvidados, y a menudo actúa a favor de ellos.

Un buen ejemplo de la misericordia se encuentra en Mateo 20:29-34: "Al salir ellos de Jericó, le seguía una gran multitud. Y dos ciegos que estaban sentados junto al camino, cuando oyeron que Jesús pasaba, clamaron, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros! Y la gente les reprendió para que callasen; pero ellos clamaban más, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros! Y deteniéndose Jesús, los llamó, y les dijo: ¿Qué queréis que os haga? Ellos le dijeron: Señor, que sean abiertos nuestros ojos. Entonces Jesús, compadecido, les tocó los ojos, y en seguida recibieron la vista; y le siguieron". Observe que los ciegos no asociaron la misericordia con un sentimiento sino con una acción. Su problema físico era que no podían ver, así que para ellos, el acto de la misericordia fue la intervención de Cristo para restaurar su vista. La misericordia es más que un sentimiento; siempre va seguida por una acción.

Este don tiene una aplicación práctica de servicio activo, así como la responsabilidad de hacerlo con alegría (Romanos 12:8). Además, todos estamos llamados a ser misericordiosos. Jesús dice en Mateo 25:40 que "De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis". Mateo 5:7 promete misericordia a aquellos que son misericordiosos hacia los demás. Como personas que espiritualmente estamos muertos y pecadores ciegos que somos, no estamos en mejor situación que los dos hombres ciegos en Mateo 20. Así como ellos estaban completamente dependientes de la compasión de Cristo para restaurar su vista, igualmente nosotros dependemos de Él como dijo el Salmista: "Muéstranos, oh Jehová, tu misericordia, Y danos tu salvación" (Salmo 85:7). Este firme fundamento de que nuestra esperanza depende únicamente de la misericordia de Cristo y no en ningún mérito nuestro, debe inspirarnos a seguir el ejemplo de Cristo de un servicio compasivo y mostrar misericordia a los demás, así como nosotros la hemos recibido. 

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